La primera vez culeándome el chocho de mi morra, ya me la había chupado sabroso pero era hora de estrenarle la panocha.

Toda la banda se la pasa chingando porque sólo a mí me faltaba estrenarle el chocho a mi vieja, así que empecé a escaparme de la escuela para ir a verla cuando no había nadie en su casa y fajar bien rico en el salón de su casa. Cada día nos calentábamos más, primero con mis besos en su cuello que la hacían estremecerse, luego metiendo mano en su brassier hasta que me dejo apretar sus tetas chiquititas que me hacían botar líquido chingón de mi verga parada. Luego empecé a dedearla y, apenas tuvo su primer orgasmo, aproveché todos sus jugos para dejársela ir toda de un aventón. Quiso quitarse y alejarse, incluso me pegó, pero entro más rápido empecé con el mete-saca, empezó a gritar de placer y se corrió de nuevo empapando el sillón de la sala y haciendo que me corra en su vagina. Fue un pedo limpiar todo el desmadre, pero estuvo bien chingón.


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