En la terraza disfrutando del estrecho coñito de la vecina para que sus jefes no nos descubran

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Descripción

Como tengo fama en el edificio, los jefes de la morra jamás
aceptarían que ella y yo salgamos, pero la calentura es cañona y no acepta de
reglas así que sin planearlo, un día nos encontramos en una peda de amigos en
común y acabamos fajando delicioso en uno de los cuartos, con mis dedos
abriéndose paso en su mojada rajita que se estremecía y chorreaba a cada
dedeada que le daba. Pero no pudimos coger chido porque nos interrumpieron
nuestros cuates. Por suerte la morra no aguantó más la calentura y me pasó un
papelito a escondidas diciendo “no olvidó el placer que me dieron tus dedos, no
dejo de pensar en lo rico que me exprimirías con tu verga… nos vemos en la
azotea el martes a las cuatro y media”.